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Amor del BuenoDel que no se anda con rodeos

Historias

Se fue tres veces y volvió dos

Lo que aprendió Mariana en los ocho meses entre la segunda vuelta y la última salida.

2 min de lectura
Una maleta a medio hacer

Los nombres y algunos detalles están cambiados.

Mariana tiene treinta y cuatro años y una teoría: uno no regresa por amor, regresa por la versión de la historia que quiere que sea cierta.

La primera vez que se fue duró once días fuera. Volvió porque él le mandó una canción. “Ni siquiera era una buena canción”, dice ahora. “Era la señal de que se estaba esforzando, y yo llevaba dos años esperando cualquier señal.”

La segunda vuelta

La segunda vez fue distinta. Se fue con todo: cambió de casa, dejó de contestar tres meses. Y regresó porque él fue a terapia.

“Eso sí me pareció serio. Pensé: está haciendo el trabajo.”

Duró siete semanas. Él dejó de ir a terapia cuando ella regresó.

Se dio cuenta de algo: él no estaba cambiando. Estaba haciendo lo mínimo necesario para que ella volviera. Y funcionaba, porque el mínimo se había ido bajando cada vez.

Los ocho meses de en medio

Entre la segunda vuelta y la última salida pasaron ocho meses. Mariana dice que fueron los más útiles, y no porque estuvieran bien.

Empezó a escribir lo que pasaba. Nada elaborado: la fecha y una línea. “Hoy me dijo que exagero.” “Hoy estuvo bien todo el día.” “Hoy no llegó y no avisó.”

A los tres meses leyó el cuaderno completo de un tirón. Y ahí lo vio: los días buenos siempre venían después de un día muy malo.

“No era que a veces estuviera bien y a veces mal. Era un ciclo. Los días buenos eran la reparación, no la relación.”

La tercera salida

La tercera vez no hubo pelea. Empacó un martes en la tarde, mientras él estaba en el trabajo, y le dejó una nota de dos líneas.

“No puse nada de lo que sentía. Ya lo había dicho todo dos veces. Puse dónde dejaba las llaves.”

Han pasado dos años. Él escribió cuatro veces. Ella no contestó ninguna.

“La gente me pregunta si no le tengo coraje. No. Le tengo coraje a las dos veces que regresé, no a él. Pero también entiendo por qué regresé. Yo quería que la historia acabara bien. Y hay historias que no acaban bien: nomás acaban.”


Si te estás reconociendo en esto, prueba lo del cuaderno. Una fecha y una línea, sin analizar. En tres meses te lo lees completo.

No sirve para decidir nada. Sirve para dejar de discutir contigo misma sobre lo que en realidad está pasando.

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